Mitocondria, inmersión en el linaje ancestral, trasciende la reflexión sobre la herencia genética matrilineal, expresada en el paso del ADN mitocondrial de generación en generación –exclusivamente por vía materna–, e incorpora líneas de investigación sobre la construcción de “lo común” como un entramado sólo posible gracias a las mujeres, reconociendo el sostenimiento de “la comunidad” como una red que existe y ha existido gracias a ellas, que la han alimentado y custodiado en su migración histórica: su memoria, sus afectos, sus valores, su entramado de prácticas, su relación con el afuera y con el adentro: un cuerpo de conocimientos y saberes que resisten lo que hoy llamamos patriarcado, su opuesto, enfocado en el individuo, el consumo, la ganancia, el despojo, el resultado, el expolio, el desarraigo, la obsolescencia programada, la violencia.

La comunidad es impensable sin las mujeres pues son ellas quienes hacen la comunidad en presente, la llevan en su movilidad desde la primera migración hasta la más reciente, y las que vienen. Pensar la comunidad es pensar en una red (un “nosotras”) construida por los afectos y los saberes que se transmiten de generación en generación, como ese hilo conductor expresado en el ADN mitocondrial.

El proyecto se autoconstruye como una comunidad y abre su espíritu de proceso colaborativo (endosimbiótico) a la investigación, al análisis, a la reflexión, el debate y la creación en colectivo, donde artistas y científicxs de diversas disciplinas confluyen en procesos inter, multi y transdisciplinares, propiciando cruces de conocimientos y saberes que salgan de los cubículos y los circuitos artísticos cerrados, para ir al encuentro de los públicos, audiencias y comunidades tradicionalmente excluidas de estos conocimientos y ponerlos a su alcance con nuevos enfoques y renovadas propuestas de divulgación, aprovechando los nuevos medios y en tantos soportes y plataformas como sea posible.
Es así que nos resulta no sólo pertinente sino urgente presentar en esta exposición la mirada, el sentir y la reflexión de artistas sin importar sexo o género, que fundamenten su obra indagando en su propio linaje, pero también abrir espacios de diálogo, intercambio de saberes y prácticas artísticas, antropológicas y científicas, así como laboratorios de creación colectiva transdisciplinaria, para desde allí dar cuenta y abordar, desde el arte, aspectos sociales que competen a la humanidad entera.

Una batalla por la vida
Pensar en la mitocondria, más allá de su origen y composición, de su función y utilidad, es pensar en el principio de todo, en las razones del “estar y ser”, aquí y ahora. La mitocondria no sabe que es la fuente de la vida, no sabe que de su salud depende la salud del cuerpo individual y el cuerpo colectivo, el “colectivo de colectivos” que nos hacen ser humanos. La mitocondria no sabe que viene migrando desde hace 2 mil millones de años, y que en su interior resguarda un tesoro, “el código de eso que llamamos energía”. Toda la energía vital en un grano de arena.

La mitocondria no tiene género, ni sexo, ni consciencia, pero nosotros sí, y lo que hacemos con esa información ha definido lo que hemos hecho y construido desde hace 200,000 años como homo sapiens. Que sólo las mujeres hereden las mitocondrias a su descendencia, es un acto más poético que político, sin embargo, simbólicamente, nos permite postular por un nuevo relato. Son las mujeres y los feminismos quienes encabezan la defensa de la humanidad frente al poder avasallante que todo lo consume, el heteropatriarcado, el capitalismo salvaje, la necropolítica, el antropocentrismo obsceno y obcecado.
No sólo está en disputa el cuerpo como territorio físico y espiritual, simbólico y material, sino el relato mismo de esa disputa. La violencia es permanente y sistemática, deliberada y orquestada desde todos los frentes y ámbitos, primero y, desde hace siglos, contra las mujeres, pero también contra las infancias, contra lxs ancianos, contra lxs débiles, contra las disidencias, contra los animales, contra la naturaleza, contra los sentimientos y las emociones, contra el cuerpo, contra el “otro” ese que también soy yo. La batalla es contra la humanidad y lo humano, pero también contra la vida y lo vivo.

El encuentro que este proyecto ha propiciado en los ámbitos de las ciencias, las artes, las humanidades y la tecnología, nos permite colegir que, “origen no es destino”, y que es el trazo y el viaje los que marcan nuestro devenir. Desde la primera de nuestras ancestras, vivir ha sido y es una decisión, y la forma en que vivimos es un acto político, en toda la extensión de la palabra. Indagar en el pasado sólo tiene sentido si nos ayuda a fortalecer la decisión de ser quienes somos aquí y ahora, y forjar con mayor claridad quiénes queremos ser y hacia dónde queremos ir. Cambiar ese rumbo es nuestra decisión, y lograrlo es nuestro desafío.
Coincidimos con la postura que han expresado varios de lxs participantes en este proyecto, para contravertir (revertir+controvertir+contravenir) y rebasar el relato que se estaciona en la sola idea de la mujer violada por el conquistador, sometida y sumisa, para ofrecer un relato que identifica y celebra el mismo espíritu que comparten las mujeres de hoy con el de nuestras ancestras, plenas de poder para cruzar el mundo entero en busca del futuro, lo mismo guerreras que amantes, dadoras de vida, pilar del mundo. Mujeres de antes, mujeres de hoy, que se unen a través de un hilo milenario, escondido en un grano de arena que llegó de las estrellas.

El proyecto entero, y la propuesta expositiva por derivación, se sostienen en el concepto integral de comunidad, donde colaboración y cooperación dan viabilidad y sostén a nuestros legados históricos, culturales y sensibles. Entendemos la endosimbiosis –y nos la apropiamos– como una forma de sobrevivir, como posibilidad de adaptación pero sobre todo de transformación.
No se trata de hacer ciencia o arte comprometidos, sino de comprometernos con la vida desde lo que hacemos, las artes y las ciencias, y no renunciar. Nutrir a la mitocondria conscientemente es alimentar la vida, dotarla de sentido y de propósito, pues de eso se trata todo, de vivir a propósito.
Fundamentos científicos
2018-2026
Nuestra investigación comenzó por el ADN nuclear y la historia que vino tras la salida de las primeras migraciones de África hace 200 mil años, que finalmente poblaron el planeta entero.
Después avanzamos con el ADN mitocondrial, para descubrir que esa historia comenzó, realmente, hace 2 mil millones de años, cuando dos organismos dieron el salto para la evolución de la vida a través de un proceso inédito, la endosimbiosis, la colaboración.
Ese fue y sigue siendo el principio de todo. De ahí venimos y, creemos, hacia allá debemos volver.
El ADN nuclear y el ADN mitocondrial presentan diferencias en su tamaño, su arreglo y la forma en la que se transmiten de generación en generación.
El ADN nuclear es lineal, tiene entre 20,000 y 25,000 genes y una longitud total aproximada de 3,200 millones de pares de bases, empaquetado en 23 pares de cromosomas, uno heredado por nuestro padre y otro heredado por nuestra madre, esto significa que el ADN nuclear es una mezcla del ADN de nuestros padres.
El ADN mitocondrial es circular, consta de aproximadamente 16 mil pares de bases, contiene 37 genes y cada célula tiene aproximadamente 1000 mitocondrias. Algunos tipos de células tienen diferentes cantidades de mitocondrias porque necesitan más energía, por ejemplo, los músculos, el hígado, el riñón, y en cierta medida, el cerebro.

El ADN nuclear es lineal, tiene entre 20,000 y 25,000 genes y una longitud total aproximada de 3,200 millones de pares de bases, empaquetado en 23 pares de cromosomas, uno heredado por nuestro padre y otro heredado por nuestra madre, esto significa que el ADN nuclear es una mezcla del ADN de nuestros padres.
El ADN mitocondrial es circular, consta de aproximadamente 16 mil pares de bases, contiene 37 genes y cada célula tiene aproximadamente 1000 mitocondrias. Algunos tipos de células tienen diferentes cantidades de mitocondrias porque necesitan más energía, por ejemplo, los músculos, el hígado, el riñón, y en cierta medida, el cerebro.

El ADN nuclear no es idéntico entre hermanos aunque tengamos los mismos padres, cada uno recibe una combinación distinta del ADN materno y paterno, por lo que cada hermano posee un ADN nuclear único.

En cambio, el ADN mitocondrial se transmite sólo por vía materna. La razón es que cuando el óvulo y el espermatozoide se fusionan, el óvulo es el único que porta consigo las mitocondrias. Las mitocondrias en el espermatozoide se encuentran en su parte intermedia o cuello y se pierden durante la fecundación, sin embargo, son las responsables de producir la energía necesaria para que éste se desplace. Por esta razón, todos los hermanos tenemos exactamente el mismo ADN mitocondrial que tiene nuestra madre, y que tiene nuestra abuela materna, y nuestra bisabuela materna, y nuestra tatarabuela materna; es decir, compartimos el mismo ADN mitocondrial con todo nuestro linaje materno.


El ADN nuclear y el ADN mitocondrial nos relatan historias distintas:
ESTUDIANDO EL PRIMERO, de manera simplificada, la población mexicana está conformada por tres principales componentes ancestrales:
- un componente de origen nativo americano (aprox. 55%),
- un componente de origen europeo (aprox. 42%), y
- un componente africano (aprox. 3%).
Donde cada uno de éstos presenta a su vez una subestructura genética.
Sin embargo, ESTUDIANDO EL SEGUNDO, el:
93% (aprox.) de los haplogrupos son de origen nativo americano, y
6% (aprox.) son haplogrupos de origen europeo y el 1% (aprox.) son de origen africano.
¿Qué podemos inferir, o al menos imaginar, de estas enormes diferencias? ¿Qué historias nos cuentan si tomamos en cuenta relatos históricos de imposición y conquista? ¿Qué explicaciones nos dan sobre las relaciones desbalanceadas para ciertos grupos de la población, entre ellos, las mujeres?
Si consideramos que el número de ancestros se duplica retrospectivamente de generación en generación, todos, sin excepción, tenemos dos padres biológicos, 4 abuelos, 8 bisabuelos, 16 tatarabuelos… 1028 ancestros apenas 10 generaciones atrás.
El ADN nuclear puede o no, contener información de todos estos ancestros y ancestras. Sin embargo, el ADN mitocondrial nos relata la historia de una y solo una de estas hebras, aquella formada por eslabones de mujeres que nos anteceden, así, nos cuentan una historia de mujeres.
Partimos de elementos que podría parecer ocultos, para desde allí hacerlos enfáticamente visibles y representar, cuestionar, replantear y proponer desde el arte, otras formas posibles de mirar, sentir y habitar el mundo.
